Los tropiezos nos enseñan a saber dónde pisar

camino

Tropezar no es malo, encariñarse con la piedra sí. De todas maneras, menos mal que existen las piedras y que somos humanos, porque no hay nada que nos defina tan bien como nuestra capacidad para superar las dificultades.

Nosotros lidiamos con la vida, despacio y dando bocanadas, pidiendo más y contando hasta tres. Por muy difíciles que se ponga las cosas somos capaces de hacer de nuestro miedo un escudo de valentía.

Lo que aprendemos con el tiempo…

La vida es tan buena maestra que si no aprendemos la lección, nos la repite. Por esta razón, muchas veces tenemos que lidiar con la desesperación y la frustración de que nada va bien, pues a vivir aprendemos cuando el fuego toca nuestra piel. Con el tiempo aprendemos a manejarnos por la vida, a saber dónde pisar y a tomar perspectiva. Con el tiempo he a prendido la sutil diferencia que hay entre tomar la mano de alguien y encadenar un alma. Con el tiempo aprendí que el amor no significa apoyarse en alguien y que la compañía no es seguridad. Con el tiempo… empecé a entender que los besos no son contratos, ni los regalos promesas. Con el tiempo aprendí que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo… te das cuenta de que casarse solo porque “ya urge” es una clara advertencia de que tu matrimonio sera un fracaso.

Con el tiempo aprendí que la palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida, aprendí que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes… Pero desafortunadamente…esto solo lo entendemos con el tiempo.

«Maduramos más con los daños que los años»

No es el tiempo el que nos hace entender que las derrotas merecen que miremos de frente y nos sintamos orgullosos de nosotros mismos. Son los daños y las punzadas en el estómago los que le dan la vuelta a nuestro mundo y desmantelan nuestra vida. Con los daños aprendemos a resistir a lo que nos aprisiona, a pelear contra la fuerza de nuestros prejuicios, a dejar de lado nuestras ganas de rendirnos, a abandonar la queja, a hablar con nosotros mismos, a comprender la envidia, a deshacernos de modas y a descansar.

Acerca de dagna

Trabaja como si no necesitarás dinero, ama como si nunca te hubieran herido y baila como si nadie te estuviera viendo...

2 respuestas a “Los tropiezos nos enseñan a saber dónde pisar”

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