Los hábitos alimentarios en la infancia

La formación de hábitos es un proceso interactivo que involucra a padres de familia, profesores y los pequeños. Es más fácil consolidar los hábitos saludables de manera temprana, antes de que los niños y niñas adquieran comportamientos negativos, que tratar de cambiar los malos hábitos en la edad adulta.

Para que los niños y niñas experimenten circunstancias que les permitan avanzar en la consolidación de hábitos saludables se sugiere motivarles y tratar de comunicarse en su lenguaje. Es importante sensibilizarlos en cuanto a la importancia de adquirir estos hábitos. Una buena comunicación con los niños nos permitirá detectar y corregir vicios oportunamente.

Los lugares destinados a la alimentación, como son los comedores de la casa, las escuelas y los restaurantes, deben ofrecer condiciones que garanticen a los niños experiencias gratificantes y seguras bajo la supervisión continua de un adulto. Es deseable que los niños, de manera organizada y supervisada, colaboren en la preparación de las comidas y compartan la hora de la comida con los adultos para darles la oportunidad de socializar y comunicar sus vivencias de cada día.

En la preparación de las comidas es aconsejable variar las texturas, sabores, temperaturas y colores. Acondiciona un espacio específico para comer que disponga de utensilios adecuados. Asegúrate de que haya un recipiente para desperdicios y trata de que los pequeños ayuden a poner la mesa y a limpiarla después de comer.

Actualmente los hábitos alimentarios de nuestro mundo occidental se caracterizan, cuantitativamente, por un consumo de alimentos superior, en términos generales, a las ingestas recomendadas en cuanto a energía y nutrimentos y, cualitativamente, por un tipo de dieta demasiado rica en proteínas y grasas de origen animal que incrementa la probabilidad de generar problemas como por ejemplo de obesidad o de niveles elevados ácido úrico.

La alimentación es una necesidad fisiológica y tiene una importante dimensión social y cultural. Comer está vinculado por un lado a saciar el hambre para vivir y por otro al buen gusto. La combinación de ambos factores puede llegar a generar placer. En el acto de comer entran en juego todos los sentidos.

Las primeras etapas de la vida del pequeño, especialmente en el preescolar, serán el momento ideal para fomentar hábitos alimentarios saludables y evitar los trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y bulimia nerviosa y también la obesidad.

Para lograrlo se deben tener en cuenta algunas recomendaciones:

Fija un lugar y una hora para cada comida.

Crea un ambiente agradable.

Evita recurrir a chantajes para lograr que terminen la comida o que acepten determinados platos. Utiliza otras estrategias como nuevas recetas o preparaciones más atractivas.

No los acostumbres a gratificarse con alimentos.

No lo obligues a comer. Recuerda que sus preferencias, van cambiando con el tiempo y que tendrán días de gran apetito y días de inapetencia. No debes preocuparte, es completamente normal.

Trata de respetar, siempre dentro de una alimentación adecuada, su capacidad para determinar cuándo está satisfecho. Los niños y niñas que son forzados a comer están más propensos a desarrollar trastornos alimentarios en el futuro.

Recuerda que los pequeños aprenden principalmente por imitación. Por este motivo es fundamental que los adultos que los rodean practiquen hábitos alimentarios saludables. Si tu alimentación es variada y equilibrada, seguramente la de tu hijo también lo será.

Tomado de: ladietaideal.weebly.com

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